El desperdicio alimentario dejó de ser un problema operativo. Hoy es un campo laboral que pocos han ocupado.” Cuerpo: “Durante décadas, la gestión de residuos en la industria alimentaria fue responsabilidad del último eslabón. Alguien que retiraba, descartaba y reportaba pérdidas. Ese tiempo terminó. Las empresas que operan bajo estándares de sostenibilidad hoy necesitan algo distinto. Necesitan a un profesional que llegue antes del problema, no después. Que cuantifique el residuo antes de que se convierta en costo. Que diagnostique la cadena completa y proponga soluciones con impacto medible en el balance. Este perfil no existía hace diez años con este nivel de exigencia.

Hoy las corporaciones lo buscan y no lo encuentran con facilidad. No porque no haya profesionales capacitados técnicamente, sino porque la mayoría no tiene el marco estratégico para presentar su trabajo en términos que la gerencia entiende y aprueba. El nutricionista que aprendió a gestionar una central de alimentación tiene la base. El consultor que trabajó con proveedores tiene la base. Lo que falta en la mayoría de los casos no es experiencia. Es el lenguaje que convierte esa experiencia en un servicio con precio de mercado. El profesional que entiende eso primero no compite por precio. Define el suyo.